domingo, 14 de marzo de 2021

LOS SISTEMAS DE PRODUCCION EN LA HISTORIA

La historia económica.

La historia económica estudia el cambio (evolución) de la estructura económica de las sociedades a lo largo del tiempo.

La historia económica se alimenta de la historia y de la economía. En el primero caso, la historia estudia los hechos sucedidos a lo largo del tiempo. Por su lado, la economía estudia la producción, circulación y consumo de bienes y servicios de una sociedad.

Así, la historia económica, como disciplina autónoma, estudia a través de los métodos de la historia, las estructuras económicas y los hechos que marcaron un cambio de rumbo en el pasado. Nos ofrece, por tanto, herramientas para explicar la situación económica actual de un país y vislumbrar las tendencias hacia el futuro.

¿Qué es un sistema económico?

La pregunta fundamental que se hacen los historiadores económicos es la siguiente: ¿cómo ha sido el desarrollo de los sistemas económicos a lo largo del tiempo?

Un sistema económico es el tipo de relación que se establece entre los miembros de una sociedad y los medios de producción. En el sistema se establece qué bienes se producen, cómo se producen, en qué cantidades y para quiénes. El sistema político se encarga de determinar quiénes responderán a las preguntas anteriores.

En este sentido, entre las cuestiones que el sistema económico debe garantizar se encuentran: la subsistencia de los miembros de la comunidad, el reemplazo de los medios de producción desgastados y la obtención de excedente para ahorrar y/o comerciar.

¿Qué sistemas económicos han existido y predominado a lo largo de la historia?

Los sistemas económicos que han predominado a lo largo de la historia son:

Prehistoria (antes del 5000 a.C). Comunitarismo.

Edad Antigua (del 5000 a.C. al 500 d.C.). Esclavismo.

Edad Media (del 500 d.C. al 1500 d.C). Feudalismo.

Edad Moderna y Contemporánea (del 1500 d.C. a la fecha). Capitalismo.

En la Edad Contemporánea también ha habido experimentos socialistas. Dentro de los cuales destacan el socialismo soviético (1917-1991) y el socialismo chino (1950-actualidad).

¿Qué hechos han cambiado el rumbo de la historia económica?

Otra inquietud de los historiadores económicos es comprender la influencia de ciertos acontecimientos que han marcado el rumbo de la economía de los países y del mundo. Algunos de estos sucesos importantes son:

La domesticación de especies vegetales (agricultura) y animales (ganadería).

El nacimiento, expansión y caída de imperios (como el griego y el romano).

El descubrimiento de América.

La Revolución Industrial.

El patrón oro internacional.

La producción en masa fordista.

La Primera y Segunda Guerra Mundial.

La descolonización.

La caída de la URSS.

Las crisis financieras.

La historia no se puede explicar de manera determinística porque esto implicaría que los hechos son inevitables y que se puede predecir el futuro. Se debe resaltar que la historia es caótica, pues hay muchas fuerzas en juego y hay muchas interrelaciones entre dichas fuerzas. Por ello, aunque las revoluciones y las crisis presentan síntomas, es impredecible saber cuándo estallarán.

Cabe destacar que la dinámica de la historia no se dirige a mejorar el bienestar humano. Sin embargo, los aportes científicos, tecnológicos e industriales de los últimos siglos han permitido que la población actual goce, en promedio, de una mejor calidad de vida que sus antecesores.

Empero, durante las últimas décadas la sociedad globalizada sigue teniendo numerosos retos pendientes, el más importante de ellos consiste en extender los beneficios del progreso económico y social a millones de personas que todavía están fuera de él.

¿Desarrollo económico o subdesarrollo?

Otra pregunta que se hacen los economistas e historiadores económicos es la siguiente: ¿por qué unas naciones son ricas y otras pobres? De hecho, la obra magna de Adam Smith se titula “Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”.

La discusión sobre los distintos desarrollos económicos de los países cobra mayor relevancia dada la divergencia de ingreso cada vez más notoria entre los países.

Cabe destacar que muchas hipótesis que intenta explicar por qué los pobres siguen en la pobreza:

No quieren salir de su subdesarrollo.

No saben cómo salir de su subdesarrollo.

Se ven imposibilitados por los ricos para salir de su subdesarrollo.

No pueden salir de su subdesarrollo.

Hemos hablado de desarrollo, pero ¿qué es desarrollo económico?

Podemos decir que el desarrollo económico tiene su base en el crecimiento económico (incremento de la producción de un país) y se produce cuando hay un cambio en la estructura económica que permita generar mayor valor agregado a la producción y así los trabajadores tengan mayor ingreso y mayor consumo.

Con esto en mente, algunos de los factores que pueden incidir en el crecimiento y en el cambio estructural son: calidad de la tierra (fertilidad del suelo, disponibilidad de agua y climas no extremos), precios de los recursos naturales disponibles, salud y educación de la población, capital (instrumentos, máquinas y software) disponible para la producción, instituciones legales y políticas que garanticen estabilidad, etc.

Finalmente, cabe destacar que para algunos es insuficiente el crecimiento económico y por ello han intentado adicionar las facetas sociales y ambientales para hablar en sentido amplio de progreso social. Para profundizar en este tema, te recomendamos que revises el índice de progreso social.

Cameron, R. & Neal, L. (2016). Historia Económica Mundial. (5ª Ed.) Madrid: Alianza Editorial 






miércoles, 10 de marzo de 2021

El capitalismo como sistema mundial en expansión

 El capitalismo como sistema mundial en expansión
Coordinadores: Néstor Kohan, Claudia Korol

 
El capitalismo constituye una manera de organizar la sociedad a escala mundial. Aunque nació históricamente en Europa occidental, el capitalismo se estructuró desde su inicio como una sociedad en permanente expansión.
El capitalismo no puede existir sin conquistar nuevos territorios geográficos y nuevas relaciones sociales.
Las primeras formas que asumió estuvieron centradas en el capital bancario y en el capital comercial.
Durante la Edad Media europea, los primeros prestamistas y mercaderes aparecieron en el siglo XI (11). Aunque los prestamistas y mercaderes perseguían la obtención de interés y ganancia comercial, todavía en ese entonces, a nivel social predominaba la producción de valores de uso para el consumo.
Más tarde, en los siglos XV(15) y XVI(16), las grandes casas comerciales europeas – principalmente italianas- financiaron los viajes expedicionarios en busca de nuevas rutas comerciales. Nacía el colonialismo moderno. La primera división del mundo en metrópolis y dominios coloniales. Desde ese momento, el capitalismo occidental europeo se expandió a nivel mundial. Fue la primera “globalización”, todavía incipiente. A fines del siglo XV y comienzos del XVI, a partir de los viajes de Colón y sus colegas, el mundo se empieza a unificar bajo la tutela y expansión de Occidente, que produce un aplastamiento brutal de las sociedades periféricas. Es “la carga del hombre blanco” que lleva sobre sus espaldas el deber de… “civilizar” y evangelizar a los bárbaros (los pueblos coloniales). América Latina, sojuzgada y conquistada, ingresa en “la civilización” occidental capitalista de la misma manera que África y Asia: como parte de la naturaleza a conquistar y evangelizar. La “humanidad” llegaba hasta donde llegaban los blancos, occidentales, propietarios y varones. No resulta por ello casual que los pueblos originarios americanos hayan sido comparados con los animales (es decir, como si pertenecieran a la naturaleza y no a la sociedad) por los conquistadores europeos. Exactamente lo mismo sucedió a los habitantes de África, que alimentaron la sed capitalistas de riquezas como mano de obra esclava.
El saqueo colonialista del Tercer Mundo posibilita la acumulación originaria europea. Ésta, a su vez, permite el desarrollo de la revolución industrial a fines del siglo XVIII (18). Con la introducción de la máquina de vapor y el pasaje de la producción artesanal y manufacturera a la gran producción industrial, el capitalismo de las metrópolis (principalmente Inglaterra) se expande aún más por el mundo conquistando nuevas colonias (o robándoselas a otras potencias como España y Portugal). Hacia fines de ese mismo siglo XVIII (18), se produce en Francia la principal revolución política de los tiempos modernos: la revolución burguesa de 1789.
 

¿Qué fue la revolución burguesa?
El arquetipo de revolución burguesa europea fue la encabezada por la burguesía francesa, la más radical de todas (porque a diferencia de la burguesía inglesa, no negoció con la monarquía y le cortó la cabeza al rey). La burguesía realizó su propia revolución política liderando a todas las clases postergadas por la realeza, la nobleza, el clero y la monarquía. Lo hace tomando el poder e instaurando la república parlamentaria. Lo hace en nombre de todo el “pueblo” pero en realidad inaugura la dominación política burguesa (es decir de una pequeña minoría social). Una dominación anónima, impersonal, generalizada, realizada en nombre de “todos los ciudadanos” pero en beneficio exclusivo de la burguesía.


¿Qué es el liberalismo?
El liberalismo es la doctrina que plantea en el terreno económico la libre circulación de mercancías. “Dejar hacer, dejar pasar” es su lema, con el cual enfrenta las trabas que la nobleza ponía a la expansión del comercio burgués. En el terreno político, el liberalismo propicia una forma de gobierno republicana donde la burguesía puede ejercer su dominio de manera anónima, general e impersonal, sin las “molestias” de la dictadura o la monarquía.
El siglo XIX (19) fue en Europa el de la consolidación económica del capitalismo industrial y, en todo el mundo, el de la segunda etapa –posterior a los viajes de Colón- de la “globalización”. Si en sus orígenes el capitalismo comenzó acumulando a partir de los bancos y el comercio, en el siglo XIX fue la producción industrial –bajo el supuesto reinado de la libre competencia- la que consolidó el predominio mundial del capital sobre un conjunto muy heterogéneo de relaciones sociales.
En América Latina, bajo el impulso y el apoyo del colonialismo inglés (en disputa con las otras potencias), las nacientes repúblicas latinoamericanas se independizan de los viejos imperios coloniales de España y Portugal. Pero esa independencia será sólo formal. Rápidamente, las nacientes repúblicas se convierten en semicoloniales y dependientes. Surge entonces una clase dominante local, la burguesía dependiente, estrechamente ligada y asociada –en lo económico, en lo político, en lo militar y en lo cultural- al dominio de las metrópolis. Las burguesías dependientes son socias menores de la dominación, primero colonial, luego neoloconial e imperialista.
Es en ese siglo cuando Carlos Marx escribe en el Manifiesto Comunista (1848) acerca de la expansión del capitalismo y la unificación tendencial del mundo bajo el reinado del valor de cambio y la producción para el mercado. Allí habla, en otro lenguaje, con otra terminología, de lo que hoy se conoce como “globalización”. Marx plantea, entonces, que con el capitalismo “el mundo se unifica”. También plantea que “el mundo empieza a ser redondo, por primera vez”, a partir de los barcos de vapor, el ferrocarril, el telégrafo, es decir, de los medios de comunicación que marcaron aquella época. El capital se expande por el mundo en extensión y en profundidad. Por su propia lógica interna, el capital necesita expandirse, tanto en extensión como en intensidad, hacia “afuera” y hacia “adentro”, fagocitando todo tipo de relaciones sociales que le son adversas, externas o extrañas, que resisten, o sociedades que no han sido incorporadas aún a la lógica capitalista. Para dar cuenta de ese proceso, Marx utilizará dos expresiones que explican la subordinación y la unificación mundial bajo el reinado del valor de cambio, el mercado y el capital: “subsunción formal” (para la expansión en extensión) y “subsunción real” (para la expansión en profundidad).
Como el capital necesita expandirse permanentemente, el capitalismo nace como un tipo de sociedad internacional, nace de manera mundial. Se estructura luego a partir de Estados nacionales -lo primero que en cada sociedad intenta construir la burguesía, históricamente, es el mercado interno, el ejército nacional y el Estado nación- pero, a partir de allí, se proyecta siempre a nivel internacional, desde sus mismos orígenes.
A fines del siglo XIX (19), por su misma lógica, las grandes potencias capitalistas occidentales se lanzan a la disputa por la conquista del planeta. Francia competirá con Estados Unidos para alcanzar a Inglaterra (que entonces lleva la delantera). Alemania e Italia van detrás, pues todavía no se habían unificado como Estados-naciones modernos. A fines del siglo XIX el mundo ya está repartido. Quien quisiera nuevos mercados para exportar sus capitales (no sólo sus productos mercantiles) necesitará comenzar una guerra de conquista. Es el tiempo en que el capitalismo pega un salto cualitativo. El crecimiento de la competencia entre las firmas empresariales nacionales dará lugar al nacimiento de grandes monopolios. La libre competencia metropolitana y el colonialismo moderno dejarán su paso al nacimiento del imperialismo.
Lenin fue uno de los principales teóricos del movimiento revolucionario a nivel mundial (ya que en Rusia dirigió, en octubre de 1917, la revolución bolchevique, la primera revolución socialista triunfante en la historia de la humanidad). En su libro El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916) Lenin sostiene que con la emergencia del capitalismo imperialista, se termina la vieja dicotomía y competencia entre capitales industriales y bancarios. Se produce una nueva fusión donde los mismos capitales se dedican a la producción industrial y al mundo de las finanzas. Este nuevo tipo de capital es el capital financiero, hegemónico en los tiempos del imperialismo. Este tipo de capital ya no alienta la expansión territorial de las grandes potencias -típica de la época colonial donde la gran potencia invade y conquista sociedades menos poderosas- sino un tipo de expansión asentada en la exportación de capitales. Éstos persiguen obtener a cambio de sus inversiones diversos tipos de rentas de los países sojuzgados a los que le conceden una independencia política formal pero manteniendo una dependencia económica.
¿Cuáles son las características del imperialismo?
Lenin resume las líneas centrales de esa nueva fase del capitalismo mundial identificando determinadas características generales:
• Concentración de la producción, centralización de los capitales y emergencia de inmensos monopolios, oligopolios, empresas multinacionales, trust, corporaciones y cárteles • Nuevo papel de los bancos, que abandonan su antigua competencia con los capitales industriales para vincularse a ellos en el mundo de las finanzas
• Surgimiento del capital financiero como fusión de los capitales bancarios e industriales
• Emergencia de un sector sumamente concentrado del capital financiero que Lenin denomina “oligarquía financiera”
• Exportación de capitales desde las grandes potencias metropolitanas a las zonas periféricas con el objetivo de disminuir costos en materias primas y fuerza de trabajo y maximizar las rentas
• Reparto del mundo entre grandes corporaciones multinacionales acompañada del reparto del mundo entre las grandes potencias capitalistas. No se pueden entender las dos grandes guerras mundiales (y todas las guerras “menores” que las acompañaron a lo largo del siglo XX) si se desconoce la existencia del imperialismo. Sólo a la luz del imperialismo se puede comprender el genocidio nazi en Europa y el genocidio latinoamericano llevado a cabo en los ’70 y ’80 por las dictaduras militares de Paraguay, Brasil, Bolivia, Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, etc.,etc. Un genocidio impulsado metódicamente –con sus instructores en tortura y en guerra contrainsurgente- por el imperialismo norteamericano. Un genocidio “científico” y racionalmente planeado.
Una vez que el capitalismo logra frenar la expansión de la revolución bolchevique de 1917 y disciplinar a la fuerza de trabajo a nivel mundial en la segunda posguerra, el imperialismo ingresa en una nueva fase. Si el imperialismo “clásico” existe en Europa Occidental y Estados Unidos entre 1890 y 1940 aproximadamente, la nueva fase imperialista se inaugura a partir de la segunda posguerra. Desde 1945 hasta principios de los años ’70 el capitalismo imperialista de los países metropolitanos se solidifica sobre una base común: el Estado comienza a intervenir sistemáticamente en el mercado (a favor de los monopolios); se le otorga cierta estabilidad laboral a los segmentos más altos de la clase obrera europea (la aristocracia obrera) a cambio de que sus sindicatos respeten el “nuevo orden” capitalista; se expande el sector capitalista de los servicios generando una sociedad de fuerte consumismo. Además, se genera una inflación permanente como modo de financiar los créditos para la industria y el consumo de masas. En la industria, sigue creciendo –fundamentalmente en EEUU- el sector armamentístico que llega a formar un complejo militar-industrial, todavía reinante en nuestros días.
Esta nueva fase del capitalismo imperialista metropolitano (que algunos autores denominan “neocapitalismo”, otros “capitalismo tardío”, “capitalismo de organización” o “capitalismo fordista”) se combina hacia el exterior con el neocolonialismo. Sin colonias formales la dominación imperialista continúa en el terreno económico. En total esta fase del capitalismo dura aproximadamente treinta años. Tres décadas de mansa sumisión de la clase obrera europea y norteamericana a los dictados del capital. Mientras tanto, después de la derrota de los nazis a manos del Ejército Rojo soviético durante la segunda guerra mundial, se forma un bloqueo eurooriental de países postcapitalistas (autodenominados oficialmente “socialistas”) liderados por la Unión Soviética. Estos países corren entonces con la desventaja de haber sido devastados en su propio territorio (a diferencia de Estados Unidos) por la invasión de los nazis. Además, se consolida en ellos el poder elitista de una fuerte burocracia política –formada en Rusia tras la muerte de Lenin y de la época gloriosa de la revolución socialista de 1917- que frena todo desarrollo de la conciencia socialista y todo poder de los trabajadores. Freno que asume diversas “teorías” y “doctrinas” oficiales en aquellos países (la más conocida de todas es la de “coexistencia pacífica” con el imperialismo, mediante la cual la URSS se compromete a no apoyar las revoluciones de países de la órbita occidental. Esta doctrina se implementa tras la muerte de Stalin, quien previamente había disuelto la Internacional Comunista para ganar el favor de los líderes capitalistas occidentales).
En el Tercer Mundo, por la misma época, se suceden diversos procesos revolucionarios. De algunos de ellos (como las revoluciones de Vietnam, China, Corea y Cuba) emergen revoluciones socialistas. En muchos otros casos (Argelia y diversas colonias africanas) ese proceso se limita a la independencia nacional y la descolonización política. En América Latina, a excepción de Cuba, se vive el auge de diversas experiencias nacionalistas y populistas encabezadas por las burguesías locales (y sus fuerzas armadas) que ensayan modelos industriales sustituyendo lo que no llega del área metropolitana y cubriendo los agujeros vacíos por las industrias monopólicas. Esta industrialización latinoamericana, deformada y dependiente, no modifica la estructura agraria atrasada de nuestros países. Al estar encabezada por los socios locales del imperialismo y el neocolonialismo, no logra romper el estrecho marco del capitalismo periférico. Es una industrialización “a medias” o “seudoindustrialización”, como la llamaron algunos autores.
El imperialismo consolida, entonces, entre 1945 y principios de 1970, su hegemonía para los países capitalistas metropolitanos, pero va lentamente perdiendo la iniciativa en la periferia del sistema mundial. A comienzos de los años ’70, producto de la insubordinación generalizada que se había experimentado durante el año 1968 en las metrópolis y de diversas luchas insurreccionales del Tercer mundo (encabezadas por la revolución cubana en América Latina), el modelo hegemónico de capitalismo tardío de posguerra entra en crisis. A ello se suma una crisis aguda del petróleo y otra crisis del dólar, en el terreno económico.


¿Cómo nace el neoliberalismo?
Producto de esas múltiples crisis a nivel mundial, el capitalismo retoma la ofensiva económica, política, militar e ideológica que había ido perdiendo a lo largo del siglo. De allí en más se impone como tarea doblegar a la clase obrera metropolitana, derrotar a los movimientos insurreccionales del Tercer Mundo y fracturar a los países del bloque del Este. La ideología que legitima esa ofensiva a nivel mundial se llama: neoliberalismo. Éste retoma del antiguo liberalismo del siglo XVIII (18) la bandera de la apertura comercial sin límites y la libre circulación económica del capital, pero combinada con formas políticas dictatoriales, fascistas y represivas e ideas culturales extremadamente conservadoras y autoritarias.
El primer “experimento” político a nivel mundial de la nueva ofensiva capitalista neoliberal fue el golpe de Estado de Chile en 1973 realizado por el general Pinochet contra el presidente socialista Salvador Allende. De allí en más, luego de generalizar la experiencia capitalista de nuevo cuño a sangre y fuego por todo el continente latinoamericano, Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EEUU aplicaron las nuevas recetas para el mundo metropolitano. A esto se le sumó la crisis terminal interna del bloque del Este (que derivó en la caída del muro de Berlín y la desaparición de la URSS) y una nueva revolución tecnológica de las comunicaciones. Producto de esa gama de procesos articulados, el capitalismo, que había nacido hacía cinco siglos como sociedad en expansión, vuelve a sufrir una nueva expansión planetaria. Una de las principales características de esta nueva etapa del imperialismo –cada vez más agresivo y guerrerista- es la internacionalización de la producción. No sólo de las finanzas, como dicen los periódicos burgueses. Con el neoliberalismo, el Estado no desaparece, como afirman las academias universitarias latinoamericanas: cambia de función. Abandonando el estilo de intervención que venía realizando desde aproximadamente 1930 y en principalmente desde fin de la segunda guerra mundial, el nuevo Estado capitalista neoliberal continúa interviniendo para garantizar la renta, la ganancia y el interés de los empresarios. Se retira de los servicios (salud y educación, por ejemplo) pero cada más está presente en el terreno de la represión interna y la criminalización de las protestas obreras y campesinas. Junto a la represión política, crece el militarismo y la superexplotación de la clase obrera.

martes, 9 de marzo de 2021

NOS VAMOS CONOCIENDO


 


PARA SABER MÁS DE USTEDES Y SUS OPINIONES...🙋


·         qué extraño de la vida antes de la emergencia sanitaria y el Covid, y lo que no.?Lugares, personas, hábitos, rutinas, etc.

·         Como me adapto a los cambios, que alternativas propongo y he practicado.?

·         Que emociones me genera la situación respecto a los vínculos con mis pares, adultos Referentes, instituciones.?

·         Que nuevo vocabulario, rasgos culturales se incorporaron, ?son compartidos por ti?

·         Que proyecciones tengo para el 2021?

Algunas publicidades para pensar

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lunes, 8 de junio de 2020

Opiniones sobre el Imperialismo

Textos sobre Imperialismo


"El europeo que abre un atlas en 1914 mira con orgullo la extensión de su dominio territorial. Éste comprende la casi totalidad de África y de Oceanía, la mitad de Asia y la cuarta parte de América; están con Europa el 60 de las tierras emergidas y, sobre estas tierras, el 50 de la humanidad. Sabe, por otra parte, que son pocos los lugares de las demás regiones del Globo donde no ejerza de una u otra manera su actividad: No niega la enorme fuerza ascendente de los Estados Unidos, pero no cree todavía amenazada su hegemonía mundial por este pueblo joven; en cuanto a la nueva potencia japonesa, no puede imaginarla capaz de desalojar a los europeos del Asia Oriental. Considerando el camino recorrido en un centenar de años, cree poder decir: el solo que acaba de morir es verdaderamente mi siglo: Y recordando las sombrías predicciones de Malthus. se complace en constatar que han podido ser desmentidas: no existe una masa tan considerable de seres humanos -cerca de los 400 millones (contra 200 en 1815)- que goce de un nivel medio de vida tan elevado."
M. Crouzet. Historia general de las civilizaciones.


"El capital financiero significa, de hecho, la unificación del capital. Los sectores, antaño distintos, del capital industrial, comercial y bancario, están a partir de ahora bajo el control de las altas finanzas, donde los magnates de la industria y los bancos se hallan estrechamente asociados."
(Hildferling, El capital financiero, 1910.

 Los Estados Unidos no buscan anexiones territoriales, aunque el resultado final pueda ser equivalente. La originalidad del imperialismo americano consiste precisamente en sustituir los procedimientos de conquista por una forma de actuación más sutil: la diplomacia del dólar. Los Estados Unidos tratan de establecer, en los pequeños Estados americanos, su influencia financiera. El tesoro o la banca conceden préstamos a los gobiernos de dichos Estados para ayudarlas a organizar una administración, a restablecer una moneda estable o a realizar obras públicas que sean de utilidad para la vida económica. Los capitalistas hacen inversiones en los negocios privados. En estas repúblicas donde los disturbios internos son casi constantes, el pago de los intereses de la deuda pública y la seguridad de las inversiones no tardan mucho en verse comprometidas. Entonces el gobierno de Washington interviene para proteger los intereses de los prestamistas.
Pero no se detiene ahí. Aprovecha estos disturbios para intervenir en la política interior de las repúblicas, bien sea a través de la concesión o la negativa de créditos, bien por la presión diplomática, o incluso por las armas. Cuando uno de esos gobiernos se ve amenazado por una insurrección, los Estados Unidos pueden conseguir fácilmente que fracase o sea un éxito el motín, pues para detener la rebelión, no tienen más que advertir a los cabecillas de que en caso de que lleguen al poder, no podrán contar con la concesión de créditos. De hecho, si los Estados Unidos están satisfechos del gobierno en vigor, lo protegen; si ese gobierno no es dócil, lo abandonan a su suerte.

Pierre Renouvin. La crisis europea y la Primera Guerra Mundial (1904-1918).


"Art. 1: Los Estados Unidos garantizarán y mantendrán la independencia de la república de Panamá.
Art. 2: La república de Panamá concede a los Estados Unidos a perpetuidad el uso, la ocupación y el control de una zona de tierra y su prolongación en el mar para la construcción, mantenimiento, explotación, saneamiento y protección de dicho canal; esta zona de 10 millas se extiende sobre cinco a cada orilla...
Art. 7: La república de Panamá concede a los Estados Unidos el derecho y el poder de mantener el orden público en las ciudades de Panamá y Colón y los territorios y puertos adyacentes en el caso de que la república de Panamá no sea capaz, a juicio de los Estados Unidos, de mantenerlo."
CHAULANGES, MANRY y SEVE. Textes historiques, 1871-1914.


"Cada mejora de los métodos de producción, cada concentración de la propiedad (...), parece reforzar la tendencia a la expansión imperialista. En la medida en que una nación tras otra entran en la era de las maquinarias y adoptan los métodos industriales más avanzados, es más difícil para sus empresarios, comerciantes y financieros colocar sus reservas económicas, y progresivamente se ven tentados a aprovechar sus gobiernos para conquistar con fines particulares países lejanos y subdesarrollados a través de la anexión y del protectorado (...).
Este estado de la cuestión en la economía es la raíz del imperialismo. Si los consumidores de este país pudieran elevar tanto su nivel de consumo que fueran capaces de avanzar a la par que las fuerzas de producción, no habría ningún excedente de mercancías y capital capaz de exigir del imperialismo el descubrimiento de nuevos mercados (...).
El imperialismo es el esfuerzo de los grandes dueños de la industria para facilitar la salida de su excedente de riqueza, buscando vender o colocar en el extranjero las mercancías o los capitales que el mercado interior no puede absorber.
No es el crecimiento industrial el que anhela la apertura de nuevos mercados y de nuevas regiones para invertir, sino la deficiente distribución del poder adquisitivo la que impide la absorción de mercancías y capital dentro del país.
El imperialismo es el fruto de esa falso política económica, y el remedio es la reforma social."
John Hobson. El imperialismo. 1902.

lunes, 20 de abril de 2020

IMPERIALISMO. LA ERA DEL CAPITAL



fecha de entrega 30 de abril. formato crea o mail.
Actividad de lectura, comprensión de texto:

1-      De la lectura del resumen:
a) ¿Cómo se manifiesta o es percibida la crisis? ¿Cuáles son los efectos visibles de tan depresión?
b) Enumera y explica cuales son las soluciones ante la llamada Depresión de los años 1873.
2-      Intenta explicar con tus palabras que implica el concepto de “economía mundial”
3-      Describe cómo se caracteriza la economía mundial en la era del imperio.
4-      ¿qué vínculos encuentras entre el planteo de Hobsbawm y lo trabajado por ti en la tarea sobre la racionalización del trabajo aplicada por las industrias y los modelos Fordista y Taylorista?

E. Hobsbawm. “La era del imperio, 1875-1914”. Resumen Capítulo 2, La economía cambia de ritmo.

Por Macarena Jauregui.

En cuanto a los economistas y hombres de negocios, lo que preocupaba incluso a los menos dados al tono apocalíptico era la prolongada “depresión de los precios, una depresión del interés y una depresión del beneficios” (Marshall 1888). Lo que estaba en juego no era la producción sino la rentabilidad.
La agricultura fue la víctima más espectacular de esa disminución de los beneficios y, a no dudar, constituía el sector más deprimido de la economía y que cuyos descontentos tenían consecuencias sociales y políticas más inmediatas y de mayor alcance. Las consecuencias para los precios agrícolas, tanto en la agricultura europea como en las economías exportadoras de ultramar, fueron dramáticas.
Los decenio de depresión no eran una buena época para ser agricultor en ningún país implicado en el mercado mundial. La reacción de los agricultores varió desde la agitación electoral a la rebelión, hasta también la muerte por hambre como ocurrió en Rusia entre 1891 y 1892.
No obstante, las dos respuestas más habituales entre la población fueron la emigración masiva y la cooperación, la primera protagonizada por aquellos que carecían de tierras o que tenían tierras pobres, y la segunda, fundamentalmente por los campesino con explotaciones potencialmente viables.
El mundo de los negocios tenía sus propios problemas. Ningún período fue más deflacionario que el de 1873-1896, cuando los precios descendieron en un 40 por 100 en el Reino Unido. La deflación hace que disminuyan los beneficios.
Otra dificultad radicaba en el hecho de que los costes de producción eran más estables que los precios a corto plazo pues proporcionalmente, al tiempo que las empresas tenían que soportar también la carga de importantes cantidades de maquinaria y equipos obsoletos, se tardaba más de lo esperado en amortizar. En algunas partes del mundo, la situación se veía aún más complicada por la caída gradual del precio de la plata y de su tipo de cambio con el oro.
Una de las soluciones consistía en una especie de monetarismo a la inversa.
La libertad de comercio parecía indispensable ya que permitía que los productores de materias primas de ultramar intercambiaran sus productos por los productos manufacturados británicos, reforzando así la simbiosis entre el Reino Unido y el mundo subdesarrollado, sobre el que se apoyaba la economía británica. Los estancieros argentinos y uruguayos, los productores australianos y los agricultores daneses no tenían interés alguno en impulsar el desarrollo de las manufacturas nacionales, pues obtenían pingües beneficios en su calidad de planetas económicos del sistema solar británico. El Reino Unido continuó mostrándose partidario del liberalismo económico y al actuar así otorgó a los países proteccionistas la libertad de controlar sus mercados internos y de impulsar sus exportaciones.
El liberalismo era el anarquismo de la burguesía y, como en el anarquismo revolucionario, en él no había lugar para el estado. O, más bien, el estado como factor económico sólo existía como algo que interfería el funcionamiento autónomo e independiente de “el mercado”.
Esta interpretación no carecía de lógica. Por una parte, parecía razonablemente pensar que lo que permitía que esa economía evolucionara y creciera eran las decisiones económicas de sus componentes fundamentales. Por otra parte, la economía capitalista era global, y no podía ser de otra forma. El ideal de sus teóricos era la división internacional del trabajo que aseguraba el crecimiento más intenso de la economía.
El único equilibrio que reconocía la teoría económica liberal era el equilibrio a escala mundial. Pero en la práctica ese modelo resultaba inadecuado. La economía capitalista mundial en evolución era un conjunto de bloques sólidos, pero también fluido. Sean cuales fueren los orígenes de las “economías nacionales” que constituían esos bloques, las economías nacionales existían porque existían los estados-naciones.
Pero el mundo desarrollado no era tan sólo un agregado de “economías nacionales”. La industrialización y la depresión hicieron de ellas un grupo de economías rivales, donde los beneficios de una parecían amenazar la posición de las otras. Lo sólo competían las empresas, sino también las naciones.
¿Cuáles fueron sus consecuencias? Podemos aceptar como cierto que un exceso de proteccionismo generalizado, que intenta perpetrar la economía de cada estado-nación es perjudicial para el crecimiento económico mundial. Esto quedaría demostrado en el período de entre guerras. Pero en 1880-1914, el proteccionismo no era general ni tampoco excesivamente riguroso y quedó limitado a los bienes de consumo y no afectó al movimiento de mano de obra y a las transacciones financieras internacionales. En conjunto, el proteccionismo industrial contribuyó a ampliar la base industrial del planeta, que carecían también a un ritmo vertiginoso.
No obstante, si el proteccionismo fue la reacción política instintiva del productor preocupado ante la depresión, no fue la respuesta económica más significativa del capitalismo a los problemas que le afligían. Esa respuesta radicó en la combinación de la concentración económica y la racionalización empresarial que comenzaba ahora a servir de modelo, los trust y “la gestión financiera”.
Pero el control del mercado y la eliminación de la competencia sólo eran un aspecto más general de concentración capitalista y no fueron ni universales no irreversibles. La concentración avanzó a expensas de la competencia de mercado, las corporaciones a expensas de las más pequeñas y que esa concentración implicó una tendencia hacia el oligopolio.
La presión sobre los beneficios en el período de la depresión, así como el tamaño y la complejidad cada vez mayor de las empresas, surgió que los métodos tradicionales y empíricos de organizar las empresas, y en especial la producción, no eran ya adecuados. Así surgió la necesidad de una forma más racional o “científica” de controlar y programar las empresas grandes y deseosas de maximizar los beneficios. La tarea en la que conectó inmediatamente sus esfuerzos el “taylorismo” y con la que se identificaría ante la opinión pública la “gestión científica” fue la de sacar mayor rendimiento a los trabajadores. Ese objetivo se intentó alcanzar mediante tres métodos fundamentales:
1.     aislando a cada trabajador del resto del grupo y transfiriendo el control del proceso productivo a los representantes de la dirección;
2.     una descomposición sistemática de cada proceso en elementos componentes cronometrados;
3.     sistemas distintos de pago de salario que supusieron para el trabajador un incentivo para producir más.
Henry Ford, se identificaría con la utilización racional de la maquinaria y la mano de obra para maximizar la producción.
La “mano visible” de la moderna organización y dirección sustituyó a la “mano invisible” del mercado anónimo de Adam Smith.
Existía una tercera posibilidad para solucionar los problemas del capitalismo: el imperialismo.
Debemos mencionar un resultado final, o efecto secundario, de la gran depresión. Fue también una época de gran agitación social. La depresión produjo la movilización masiva de las clases obreras industriales en numerosos países y, desde finales del decenio de 1880, la aparición de movimientos obreros y socialistas de masas en algunos de ellos.
Al final del capítulo, Eric Hobsbawm realiza una síntesis de lo que fue la economía durante el imperio. En primer lugar, su base geográfica era mucho más amplia que antes. El sector industrial y en proceso de industrialización se amplió, en Europa mediante la revolución industrial que conocieron Rusia y otros países. El mercado internacional de materias primas se amplió extraordinariamente lo cual implicó también el desarrollo de las zonas dedicadas a su producción y su integración en el mercado mundial. Argentina se convirtió en un gran exportador de trigo en la misma época, y cada año, contingentes de trabajadores italianos cruzaban en ambos sentidos los 16000 km del Atlántico para recoger la cosecha, La economía de la era del imperio permitía cosas tales como que Bakú y la cuenca de Donetz se integraran en la geografía industrial, que Europa exportara productos y mujeres a ciudades de nueva creación y que se erigieran teatro de ópera sobre los huesos de indios enterrados en ciudades surgidas al socaire del auge del caucho.
La economía mundial era mucho más plural que antes. El Reino Unido dejó de ser el único país totalmente industrializado y la única economía industrial. La era del imperio se caracterizó por la rivalidad entre los diferentes estados. Además, las relaciones entre el mundo desarrollado y el sector subdesarrollado eran también más variadas y complejas.
Ese pluralismo creciente de la economía mundial quedó enmascarado hasta cierto punto por la dependencia que se mantuvo e incluso se incrementó de los servicios financieros, comerciales y navieros con respecto al Reino Unido.
La tercera característica de la economía mundial es la más obvia: la revolución tecnológica. Fue en este período cuando se incorporaron a la vida moderna el teléfono y la telegrafía sin hilos. Se llama “segunda revolución industrial” a la gran innovación que consistió en actualizar la primera revolución industrial mediante una serie de perfeccionamientos en la tecnología del vapor y del hierro por medio del acero y las turbinas.
La cuarta característica es una doble transformación en la estructura y modus operandi de la empresa capitalista. Por una parte, se produjo la concentración de capital, el crecimiento en escala que llevó a distinguir entre “empresa” y “gran empresa”.
La quinta característica es que produjo  una extraordinaria transformación del mercado de los bienes de consumo: un cambio tanto cuantitativo como cualitativo. Con el incremento de la población comenzó a dominar las industrias productoras de bienes de consumo. A largo plazo este fenómeno fue más importante que el notable incremento del consumo en las clases ricas y acomodadas, cuyos esquemas de demanda no variaron sensiblemente. Fue el modelo de T de Ford el que revolucionó la industria del automóvil.  Al mismo tiempo, una tecnología revolucionaria y el imperialismo contribuyeron a la aparición de una serie de productos y servicios nuevos para el mercado de masas.
Todo ello implicó la transformación so sólo de la producción, mediante lo que comenzó a llamarse “producción masiva”, sino también de la distribución, incluyendo la compra a crédito, fundamentalmente por medio de los plazos.
Esto encajaba perfectamente con la sexta característica de la economía: el importante crecimiento, tanto absoluto como relativo, del sector terciario de la economía, público y privado.
La última característica de la economía es la convergencia creciente entre la política y la economía, es decir, el papel cada vez más importante del gobierno y del sector público.
La democratización de la política impulsó a los gobierno, muchas veces renuentes, a aplicar políticas de reforma y bienestar social, así como iniciar una acción política para la defensa de los intereses económicos de determinado grupos de votantes contra la concentración económica. Por otra parte, las rivalidades políticas entre los estados y la competitividad económica entre grupos nacionales de empresario convergieron contribuyendo tanto al imperialismo como a la génesis de la primera guerra mundial. Por cierto, también condujeron al desarrollo de industrias como la de armamento, en la que el papel del gobierno era decisiva.
entiende que el imperialismo del fin del siglo XIX y principios del
XX fue una política de competencia entre imperios adoptada por varias naciones de Europa y
que esa idea es esencialmente moderna, es decir, contemporánea a él. Asimismo Hobson
defiende al nacionalismo como el camino al internacionalismo, puesto que, según él, “no hay
necesariamente antagonismo entre ellos” [traducción propia] pero que si el nacionalismo
presenta alguna divergencia entonces ésta ha de ser una perversión de su naturaleza y propósito
que viene a llamarse «imperialismo»

martes, 14 de abril de 2020

AMÉRICA LATINA INGRESA EN EL MERCADO

Alumnos les dejo material de lectura para la semana del 13 al 30 de abril.

Les pido que leen los documentos y a partir de ellos que expliquen estas preguntas:
1- ¿Qué significó para América Latina este proceso? (Imperialismo) ¿Cómo se vincula con las economías europeas y centrales?
2- ¿Qué significa para ustedes la frase"Oligarquías locales buscaron incrementar la producción agrícola y minera"? ¿Cómo llevan a cabo ese objetivo, qué cambios o tareas son necesarias?
3- En cuanto a la práctica del panamericanismo o la doctrina de América para los Americanos, ubica en qué momento (tiempo- décadas-años) y en qué ejemplos se ve patente el accionar de EEUU sobre América Latina, selecciona un ejemplo.

ENTREGAS POR CREA O POR MAIL. 

Material de lectura

EL IMPERIALISMO. La era del imperialismo en América Latina

La era del imperialismo constituyó el marco de la decisiva incorporación de América Latina a la economía mundial capitalista. Este proceso produjo transformaciones fundamentales en todo el subcontinente: por un lado, consolidó el perfil agro-minero exportador de su economía; por otro lado, esa orientación profundizó las diferencias regionales, en función de las diversas “vías nacionales” a través de las cuales se llevó a cabo. Fue en esta era, también, cuando se despertaron las más intensas expresiones de búsqueda de una identidad latinoamericana y nacional, recortada frente a los imperialismos que la amenazaban. Es síntesis, este territorio histórico condensa problemáticas decisivas para América Latina.
Las apetencias de las economías europeas, en este período de crecimiento de las economías industrializadas y de expansión sobre nuevos territorios, encontraron en América Latina un espacio propicio para la obtención de materias primas y un mercado en crecimiento para la colocación de productos de elaboración industrial. Frente a ese contexto, las oligarquías locales buscaron incrementar la producción agrícola y minera para su exportación. Lo hicieron sobre la base de la estructura de los grandes latifundios o haciendas, de las que eran propietarias. Así, consolidaron un modelo de crecimiento económico basado en la especialización productiva, en la explotación extensiva y en la dependencia de los mercados exteriores.
El contexto era propicio para que las oligarquías dejaran atrás las viejas disputas faccionales  y coordinar desde el Estado las tareas necesarias para la definición de una economía orientada hacia el exterior. Esto suponía la integración del territorio nacional y el avance sobre nuevas tierras para sumarlas a la producción exportable; además era necesario solucionar, en algunas regiones, el problema de la escasez de mano de obra, y resolver la necesidad de contar con capital e infraestructura para agilizar la producción y fundamentalmente la comercialización. Si las primeras tareas podían ser encaminadas a partir de la construcción de la gestión estatal (lo cual incluía la administración de la violencia por parte del Estado, necesaria para la reducción o incorporación de las poblaciones originarias al área de influencia de la “economía europea”), y en algunos casos resultó importante el fomento de la inmigración, las inversiones que se requerían para el transporte y la comercialización le aseguraron a las economías imperiales algo más que el papel de compradores. Así, principalmente el capital inglés se posicionó, fundamentalmente a través de la inversión en ferrocarriles y del control del sistema financiero, como una presencia tutelar del crecimiento de las economías de los países latinoamericanos y de la orientación de sus elites gobernantes.
La consolidación de una estructura estatal resultó fundamental para la integración del territorio nacional y para definir las bases institucionales necesarias para el funcionamiento del modelo primario exportador. Este proceso tuvo diferentes ritmos y etapas en los diversos países del continente. Allí donde la demanda internacional coincidía con las posibilidades que ofrecían los suelos, las oligarquías pudieron negociar o imponer su predominio sobre otras facciones, y consolidar el poder del Estado. Lo hicieron a partir de una alianza de hecho con el capital extranjero, que ocupó un lugar fundamental en el financiamiento a través de préstamos, que inauguraban una larga historia de endeudamientos.
De acuerdo al tipo de producto primario que cada región podía ofrecer, se hacía necesaria la ocupación de regiones que, en algunos casos, habían permanecido al margen, incluso durante los siglos de dominación colonial.
La especialización productiva que produjo el modelo agro minero exportador hizo que los sectores encargados del control del Estado fuesen aquellas elites provenientes de las regiones más favorecidas por esa redefinición de la economía. En Brasil, por ejemplo, la demanda de los mercados internacionales reorientó el predominio de la actividad económica hacia las regiones del sur, que expresaban el avance del café y la ganadería, por sobre las tradicionales producciones de azúcar y algodón.
En general, las oligarquías que comandaron este proceso de consolidación de los Estados Nacionales, lo hicieron guiados por el espíritu “civilizatorio” que acompañaba las excursiones hacia territorios que antes estaban fuera del alcance estatal. Las consignas de “orden y progreso” o “paz y administración” resultaron lemas característicos que sintetizaban la ideología positivista que sustentaba la acción “modernizadora” en lo económico, pero profundamente conservadora en lo político. El control del aparato estatal, y la exclusión política y social de las mayorías, resultaron rasgos centrales de la consolidación del orden oligárquico, tal como lo estamos describiendo.
Sin embargo, no siempre las oligarquías lograron acuerdos que les permitieran neutralizar las viejas disputas faccionales, ni tampoco en todos los países el Estado consolidó rápidamente una estructura capaz de controlar todo el territorio y transformarlo en función de la nueva orientación de la economía. En algunos casos, regiones enteras quedaron al margen porque siguieron siendo poco valoradas en términos económicos, o porque el crecimiento no alcanzó a incorporarlas. En otros casos se conformaron verdaderas economías de enclave, en donde las empresas de capitales extranjeros controlaban no sólo la producción sino también la comercialización y el abastecimiento de los productos consumidos por los trabajadores. Este era el paisaje de la explotación del azúcar en las islas del Caribe, pero también el del salitre en el norte de Chile, la minería boliviana y el azúcar en el norte peruano.
Allí donde el Estado no logró tener presencia, la exploración de nuevos territorios quedó en manos de emprendedores, que pudieron construir así sus propias riquezas. 
Pero en esos años finales del siglo XIX asomaría en el continente una sombra imperialista que a la postre se revelaría como algo más palpable que un espectro. La presencia de EEUU se hizo cada vez más potente a partir de su creciente protagonismo en las disputas por los mercados de capital y las fuentes de materias primas. La emergente potencia imperial del norte había procurado posicionarse desde principios del siglo XIX como “hermano mayor” de sus “débiles” vecinos, para resguardarlos de la posibilidad de recaer en las “garras” coloniales. El marco ofrecido por la Doctrina Monroe, sancionada en 1823, invocaba el principio soberano de “América para los americanos”, pero establecía de hecho la incumbencia norteamericana en el ámbito continental.
EEUU impulsaba ahora, en “la era del imperialismo”, una traducción de su liderazgo continental por medio de la promoción de Conferencias que buscaban unir a todos los Estados Americanos. La primera de esas reuniones, convocada en Washington, en 1889, puso en evidencia la intención de los norteamericanos de propiciar acuerdos comerciales y unificar las normas jurídicas para potenciar su penetración económica en el continente, en el marco de su proyecto “panamericano”. Esa posición de liderazgo en la promoción de una organización de escala continental sería pronto reafirmada a través de la participación en gestiones para dirimir conflictos entre los países latinoamericanos y las viejas potencias imperiales europeas, que aún conservaban su presencia en el continente. Así, la gestión diplomática en ocasión de las disputas entre Venezuela y Gran Bretaña por el límite de la Guyana, en 1897, sería un antecedente para que luego EEUU interviniera decisivamente en el proceso de independencia de dos islas que constituían los últimos bastiones del viejo imperio español. Principalmente Cuba, aquel emporio de la colonia, constituía un espacio estratégico en el área del Caribe, de singular interés para los norteamericanos. De allí que EEUU ofreciera, además de la diplomacia, su apoyo militar a los ejércitos rebeldes que luchaban por la independencia. La declaración de guerra a España, en 1898, tras un incidente con un barco de bandera norteamericana, decidió el definitivo retroceso del colonialismo ibérico, y al mismo tiempo inauguró la era del imperialismo norteamericano, a través de la ocupación de Cuba y Puerto Rico, botines de la Guerra ganada. Si bien la primera de estas dos islas declararía su independencia formal, la enmienda Platt, incorporada al texto constitucional de la nueva República, cedía a EEUU parte del territorio y el derecho a la intervención.  
Aunque las iniciativas vinculadas con el proyecto panamericano no se detuvieron y se organizaron nuevas reuniones rebautizadas como Conferencias Interamericanas, con el comienzo del siglo XX EEUU acentuaría su estrategia de intervención en el continente con menos diplomacia y más “garrote”. Esa impronta de la política exterior era el espíritu del llamado corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe, a través del cual el nuevo presidente norteamericano Theodore Roosevelt admitía la necesidad de propiciar una política más agresiva de defensa continental, frente a la debilidad que mostraban muchos gobiernos para enfrentar las amenazas de las potencias extracontinentales.
El desorden financiero de los Estados de América Latina, que supuestamente los colocaban en una situación de debilidad frente a los acreedores europeos, comenzó a ser considerado, también, un motivo de intervención. A nadie escapaba el hecho de que detrás de esta política de protección continental se encontraban los intereses imperialistas de Norteamérica. Esto se pondría de manifiesto en torno de la independencia de Panamá en 1903. EEUU había intentado negociar con Colombia la sesión de una parte de su territorio, considerado propicio para la construcción de un canal interoceánico. Fracasados los intentos diplomáticos, Roosevelt decidió el apoyo a los ejércitos independentistas, que garantizaron la cesión a EEUU del territorio donde, luego de declarada la “independencia”, comenzaría a construirse el Canal. 
La invocación del corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe sería también el pretexto del desembarco de marines norteamericanos en Santo Domingo en 1905, frente a la amenaza de un levantamiento armado opositor, y de una intervención en Cuba, amparada en la enmienda Platt, en 1906. Esos hechos desplegados bajo la llamada “política del garrote” consolidaron la presencia de EEUU en el Caribe, que acompañó el incremento de las inversiones norteamericanas, y la consiguiente especialización de las economías caribeñas en la producción de alimentos para la exportación a su “protector”.
La conexión entre la agresiva política exterior norteamericana y los intereses económicos se hizo más explícita bajo el gobierno de William Taft (1909-1913). Su política exterior hacia América Latina, conocida como “diplomacia del dólar”, se fundaba en la idea de que no sólo constituía una amenaza la presencia de otras potencias, sino también la influencia de actores económicos ajenos al continente. En ese marco se produjeron intervenciones de EEUU en Honduras, Haití y Nicaragua, entre 1909 y 1912, que aseguraron el predominio de las empresas de origen norteamericano.
Con la llegada al gobierno de EEUU del primer presidente demócrata en “la era del imperialismo”, Thomas Woodrow Wilson (1913-1921), se despertaron expectativas en torno de la proclamación del fin de las políticas agresivas hacia el continente. Sin embargo, rápidamente las acciones de los marines desmintieron los discursos democráticos. El primer escenario de una nueva intervención norteamericana sería el convulsionado vecino del sur, al que ya se le había arrebatado medio siglo antes una parte de su territorio: México. El desembarco en el puerto de Veracruz, en 1914, justificado por la detención de tropas norteamericanas en Tampico, produjo una reacción defensiva por parte del gobierno encabezado por Victoriano Huerta, surgido de la Revolución que había comenzado en 1910. Si bien las tropas norteamericanas permanecieron durante seis meses en Veracruz, la respuesta mexicana expresaba un principio de autodeterminación y de rechazo a la intervención de EEUU, que ya se encontraba extendido en buena parte de los países del continente.
Centroamérica continuó siendo el escenario principal de la influencia imperialista norteamericana: un nuevo desembarco de tropas estadounidenses en Haití, en 1916, se traduciría en una ocupación que perduraría durante dieciocho años; en República Dominicana, la intervención concretada ese mismo año daría lugar al control del país durante los ocho años siguientes. Sin embargo, esa agresiva política imperialista en el continente, y en particular en Centroamérica, había engendrado también una expresión latinoamericanista, que comenzaba a ser cada vez más claramente asociada con un contenido antiimperialista.
En torno de la intervención norteamericana en la independencia de Cuba, José Martí había denunciado el imperialismo norteamericano en el continente, ofreciendo una visión sobre los peligros que engendraban sus intereses económicos. Esa postura afirmaba la necesidad de fortalecer la unidad del continente, sintetizada en la expresión “Nuestra América”, título de un ensayo político-filosófico escrito por Martí en 1891.
La emergencia de este proceso no puede comprenderse sin tener en cuenta que se estaba produciendo un resquebrajamiento del poder monolítico que habían construido las oligarquías aliadas con el imperialismo. Las tensiones internas del orden oligárquico habían comenzado a producir grietas en las sociedades latinoamericanas. En ellas asomaron demandas, tanto de quienes emergieron a partir de la incorporación de América Latina al capitalismo internacional (los sectores medios urbanos y un incipiente proletariado), como de aquellos que habían sido desplazados de sus tierras o formaban parte de regiones que habían quedado marginadas del crecimiento hacia el exterior. Confluyeron así en la desestabilización del orden oligárquico construido en la era del imperialismo, las contradicciones que había engendrado. Se abriría entonces un nuevo escenario para la política, en donde ganarían protagonismo los discursos y los movimientos nacionalistas y antiimperialistas, junto con otros clasitas e internacionalistas, que disputaban las representaciones sobre lo nacional y buscaban torcer las estructuras políticas y económicas que sustentaban la exclusión de las mayorías. Sin embargo no se cerrarían con estos cambios las intervenciones imperialistas en el continente, acaso porque quedaban sin resolución las contradicciones y conflictos generados durante este período, en el que se produjo la decisiva incorporación de América Latina a la economía mundial capitalista.

Leandro Sessa

Introduciendo conceptos